sábado, 10 de marzo de 2012

La guerra de trincheras y el cártel de las telefónicas zombis

La guerra de trincheras de la primera guerra mundial según la describió Robert Axelrod es el ejemplo canónico de la teoría de juegos. El acuerdo tácito que hubo entre los soldados de los dos bandos para no agredirse a lo largo del frente se vio amenazado por los raids que diseñó el estado mayor británico: entre 100 y 200 soldados (la media es 150: número de Dunbar) que recibían la orden de atacar rápidamente un sector delimitado. El objetivo era subir el ánimo de la tropa y demostrar a los franceses que los británicos estaban involucrados en la guerra. La forma de medir el éxito por parte de los oficiales era conseguir prisioneros o contar los muertos en el intento. Si el producto de la incursión no era ninguno de los dos, tenían la prueba de que habían continuado el principio de cooperación y fusilaban a alguien por «confraternizar por el enemigo». No había forma de volver al estado de suma no nula anterior.
Las compañías telefónicas y las energéticas, entre otras, también siguen el principio de cooperación («entre bomberos, no nos pidemos la manguera») que en Economía se manifiesta en el cártel, un acuerdo entre compañias para repartirse la demanda y acabar con la competencia: una especie de guerra de trincheras en la que nadie ataca porque todos se benefician.
Pero el equilibrio del que somos rehenes puede romperse. Sólo necesitamos un grupo de 150 clientes organizados en torno a una pequeña empresa o cooperativa que incursione en el mercado monopolizado con raids ágiles, no para llevarse prisioneros, sino clientes. 

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